Posted by : István Ojeda Bello martes, 24 de julio de 2012

A mediados del siglo XX fue muy popular entre los neurólogos y psiquiatras, especialmente de los Estados Unidos, la lobotomía, un procedimiento quirúrgico presentado como milagroso para tratar cualquier tipo de desorden psiquiátrico. Era como transformarles la mente a las personas desde el quirófano. Hoy se habla de cambiar la mentalidad para mantener vivo a nuestro socialismo, pero ¿será tan sencillo y efectivo como creyeron era cortar ciertas vías nerviosas del cerebro?

El tránsito hacia concepciones diferentes sobre los esquemas de desarrollo, productividad y eficiencia, ecológicamente sostenibles, por ejemplo, no es tan simple como parece. De lo contrario no generaría tanta controversia el reordenamiento de las playas del país o de los espacios comunes en los edificios multifamiliares; las dos, políticas con un origen legítimo por cuanto persiguen, para decirlo en términos sencillos, poner orden.

Sin embargo, a veces se olvida cuál fue la génesis de eso que ahora se denomina desorden. Al respecto, el académico Darío L. Machado Rodríguez señala que, tras el advenimiento del Período Especial, adquirió connotaciones mayores lo que él define como “corrosión” aludiendo al “fenómeno de sustracción de un poco de lo que alguien tenía a su alcance: combustible los choferes, harina los panaderos, comida los cocineros…”.

Lo anterior podríamos extenderlo a otras prácticas lesivas de la legalidad como levantar construcciones en sitios de uso común junto a los edificios, al calor de las insatisfechas necesidades de viviendas; o el crecimiento urbanístico anárquico en las zonas de veraneo, catalizada por la carencia de otra infraestructura pública adecuada.

Ahora bien, cuál es la mayor contradicción más visible: que las disposiciones para suprimir las ilegalidades vienen de las mismas instituciones que otrora autorizaron, tácitamente o no, la edificación en sitios ahora señalados por estas mismas como dañinos para la salud de los ecosistemas costeros, o la seguridad de los edificios multifamiliares.

Por momentos parecen enfrentarse intereses sociales con los individuales. Entonces, creo, no se trata solo de explicar las razones, justas e impostergables de tal o más cual disposición legal, sino de darles a las personas opciones que les permitan de alguna manera razonable enfrentar los eventuales perjuicios de, digamos, edificar otra vez la vivienda que ahora tendrá que demoler.

Solo así será posible ganar la comprensión de los que de alguna manera verán afectado su patrimonio familiar. Eso no se logra con la mera voluntad de hacer. Porque como mismo la lobotomía demostró ser un procedimiento bárbaro que causó más daño que beneficios a los enfermos mentales; no se puede transformar la conciencia en cuestión de horas. Por eso no explicar a tiempo, o dejar a las personas sin opciones puede provocar graves efectos sobre el prestigio de las instituciones, que en definitiva representan a la Revolución.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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