Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 28 de noviembre de 2012

Dicen que los golpes enseñan, pero en asuntos de huracanes esta no parece ser una opción razonable porque en medio están los recursos de muchos y lo más preciado: la vida de las personas. Un poderoso meteoro literalmente destrozó a la ciudad de Santiago de Cuba y a uno le queda la incógnita de que si su población tenía una verdadera percepción del peligro al que se enfrentaba, una lección de la cual podemos aprender todos.

Cierto. Hay otras variables para no descuidar en una cuestión tan sensible, por ejemplo: el estado constructivo de los inmuebles; la lógica imprevisibilidad de los fenómenos naturales cuya fuerza es imposible determinar con exactitud; o si fue suficiente u oportuna la información aunque los cubanos nos preciamos de saber tanto de huracanes como de pelota.

Más allá de las causas, llégase a pensar que en última instancia un factor pudo haber tenido un rol mesurable: la noción real de la población sobre qué es la fuerza de un huracán de mediana o gran intensidad.

Durante las horas previas, la prensa dio cuenta de las reiteradas alertas de las máximas autoridades de la provincia sobre la fuerza de “Sandy”, como también de las numerosísimas medidas tomadas para mitigar el golpe que se avecinaba. De hecho mientras las condiciones meteorológicas se lo permitieron pudieron verse los mensajes del titular del Consejo Provincial de la Defensa Civil reiterando que se venía un mazazo sobre la segunda ciudad más importante de Cuba. [1]

Ahora es posible notar que, quizás, la gente pensó que no era para tanto. Desde la distancia así lo corroboran algunos indicios. El primero: el rostro compungido del presentador del canal local en su primera aparición nacional, denotando la perplejidad de una ciudad que no había visto esa intensidad de vientos parecida desde 1958.

Casi como entre líneas se notaron escenas de alimentos no cubiertos con materiales impermeables y que, al volar el techo, fueron presa del agua. Días después, en el propio Tele Turquino, una de las arquitectas del equipo del Conservador de la Ciudad manifestó su sorpresa por la magnitud de los daños. “No pensábamos que esto fuera así”, expresó.

En Mar Verde, justamente por donde el ojo de Sandy tocó tierra cuenta el corresponsal del diario Granma: “No pocos de los 444 residentes en la comunidad consideran que acostumbrados a la apacible vida del lugar y recurrentes amenazas de huracanes, la gente confiaba en que como en otras oportunidades volverían a tener un poco de viento, algunas olas y quizás mucha agua. Por ello, pese a la complejidad del tiempo, la mayoría se entregó ese miércoles (24 de octubre) a sus tareas habituales”[2].

En otro reportaje, esta vez desde El Caney, el mismo periodista se hizo eco de las declaraciones de uno de los pobladores del lugar. “Nadie imaginó lo que vendría –dijo-, todos esperábamos mucha lluvia, que favorecería a los frutales, pero cuando aquello apretó pensamos lo peor (…). Confieso que en mis 70 años no había visto algo semejante”[3]. Queda así flotando la interrogante de en cuántos lugares más pudo ocurrir lo mismo.

¿Se trata entonces de hacer leña del árbol caído? No. Aunque probablemente cada cual podrá ir sacando sus propias conclusiones para algo así no se vuelva a repetir. Es apenas tomar nota de una experiencia que también, por ejemplo ya tuvieron provincias como Las Tunas y Holguín por el azote del huracán Ike en 2008 y cuyos efectos se notaron rápidamente cuando casi inmediatamente Paloma impactó el sur de la provincia. Entonces a las medidas habituales de las autoridades se sumaron con ímpetu mayor las acciones individuales preventivas de las familias, porque ya habían visto los destrozos que puede causar un fenómeno tropical. Entonces el meollo de la cuestión estaría justamente en no esperar el porrazo de la naturaleza y asimilar la lección que nos dejó “Sandy”.

   
NOTAS

[1] En la noche del 24 de octubre, Lázaro Expósito Canto habló en estos términos: “A mis hermanos santiagueros les pido que se protejan. El ciclón viene directo a Santiago, el golpe va a ser tremendo, protéjanse en las casas e instalaciones más resistentes, en esta hora la vida de todos es lo más importante”. Véase Eduardo Palomares. Santiago de Cuba. Un mes después de Sandy   En._ http://www.granma.cubaweb.cu/2012/11/26/nacional/artic01.html
[2] Eduardo Palomares. Mar Verde. La dramática experiencia de la Cabaña 14 En_ http://www.granma.cubaweb.cu/2012/11/06/nacional/artic02.html
[3] Eduardo Palomares. El Caney seguirá como el reino de las frutas. En_ http://www.granma.cubaweb.cu/2012/11/15/nacional/artic10.html

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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