Posted by : István Ojeda Bello domingo, 11 de septiembre de 2016


(foto: Carlos Ernesto Escalona)
Un ómnibus urbano a pleno mediodía en no parece el mejor momento para preguntas complejas o profundas, pero en la infancia solo importa saber. Así que el niño, a un comentario de su madre le soltó la interrogante: “¿Qué es el Estado?”. La mujer creyó eludir el debate teórico con una contesta súbita. “El Estado es todo”, dijo.

Con los infantes las respuestas abiertas no decretan el fin del análisis, más bien todo lo contrario, y esta ocasión no fue la excepción; porque no había mediado un minuto y, mientras el ómnibus se estremecía con los baches que se regeneran en nuestras calles, sobrevinieron las nuevas dudas del niño: “¿Entonces las personas son el Estado? ¿Y en el cielo también hay Estado?”.

Desde antes del VI Congreso del Partido, ya lo dijo Tony Ávila, estamos quitando las viejas cerraduras, las paredes sobrantes y aprendiendo, con un margen muy estrecho de error, que se puede cambiar sin que se dañe la estructura. De eso habla ese tabloide que anduvo por ahí: de transformar también al Estado Socialista y a sus sistemas y órganos de dirección.

Así que esa madre no está sola pues muchos estamos frente a la misma pregunta ahora que el país consensua una definición para nuestro socialismo. Hacerlo incluye comprender qué es el Estado y su lugar en la Cuba que queremos.

Alguien me propuso comenzar por una explicación tan útil como sencilla: El Estado es como la casa. O mejor dicho: la manera en que se organiza la sociedad así también nos acomodamos en el hogar. En uno y otro: quien ejerce el poder, pone las reglas y llegado el momento las hace cumplir con sus métodos coercitivos o no. Otros, sin tener el poder tratan buscan el modo de lograr sus intereses. De aquí en adelante cada quien puede hacer sus propias disquisiciones con términos más o menos rebuscados o complejos.

Ponemos sobre la mesa el tema: ¿Deberá seguir siendo el Estado quien lo haga todo por todos? ¿Dónde está el límite para no perder el control de los procesos sin que eso siga cortándole las alas al emprendimiento individual? Alguien legítimamente exitoso en su negocio particular no significa per se que tengamos un Estado fallido o fracasado. Más bien al revés, un Estado eficaz lo es también si conduce con responsabilidad la iniciativa de cada cual para crecer.

La ruta más simple sería negar de plano el rol estatal dentro de la economía y la sociedad. A eso se nos pretende empujar desde la derecha. Pero nuestro Estado Revolucionario deberá continuar siendo la garantía de la equidad social, de la protección a los que menos tienen y especialmente de la soberanía nacional. Creo que en eso la mayoría concuerda. Y justamente por eso mucho de la esencia de la Revolución se pierde si la gente común llegara pensar que quienes representan al Estado no les importa qué pasa con sus vidas, aun cuando no tengan materialmente cómo ayudarlos, pero la sensación de abandono corroe las creencias pasadas y construye otras nuevas.

La indiferencia de las instituciones, las trabas burocráticas al emprendimiento legítimo no hacen sino crecer la imagen que se nos intenta imponer desde fuera. La de un Estado por naturaleza ineficaz e ineficiente. A esa compresión colectiva ayuda mucho el documento discutido en centros laborales y espacios sociales y políticos. Entonces tratemos por un momento de ser esa madre y comprendamos qué es el Estado para hacerlo mejor.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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