Posted by : István Ojeda Bello jueves, 6 de noviembre de 2014

Como la espuma subió en la escala de prioridades del New York Times el tema Cuba, o para ser más precisos, la actual política de Washington hacia la Revolución Cubana. En menos de un mes el veterano periódico estadounidense evaluó los resultados de más de medio siglo tratando con métodos más o menos violentos de forzar un cambio de régimen de este lado del Estrecho de la Florida.


La primera particularidad destacable en los sucesivos artículos de opinión es que los hayan presentado tanto en inglés como en español. La versión anglófona no extraña por cuanto es evidente el propósito de influir en congresistas y hombres de negocios sin preocupaciones directas sobre la Mayor de las Antillas y por ende indecisos sobre la factibilidad de transformar el presente esquema de conflicto directo con el Archipiélago cubano.

Tampoco es raro que den a conocer su parecer en la lengua de Cervantes, y no pensando en el público cubano-americano, mayoritariamente partidario de una normalización de los vínculos con su país de origen. Quizás haya sido un mensaje directo para los sectores más recalcitrantes quienes deben enfrentarse a la realidad de que un medio de comunicación tan importante como el Times neoyorquino  “ose” contradecirlos fuera de su tradicional feudo mediático del sur de la Florida.

Concretamente la escalada cubana en la agenda del medio neoyorquino comenzó el 11 de octubre con un editorial cuyo título no pudo ser más inequívoco de la matriz de opinión que desean establecer: “Tiempo de acabar el embargo de Cuba”, dijo. Luego se dedicaron a ampliar y argumentar ese punto de vista en “La impresionante contribución de Cuba en la lucha contra el ébola”, del 19 de octubre; “Los cambios electorales respecto a Cuba”, casi una semana después;  en la información comentada sobre la votación en las Naciones Unidos de la resolución contra el bloqueo presentada por Cuba y a inicios de enero, refiriéndose al Caso de Allan Gross y los luchadores antiterrorista cubanos.
¿Cuáles son las ideas centrales de su opinión publicada?

El embargo (entiéndase bloqueo) daña  al prestigio de Estados Unidos en la región.
 Alguien podría preguntarse ¿le preocupa a un Imperio lo que otros piensen sobre sus actos si se considera a sí mismo predestinado a regir los destinos del orbe? Aunque no lo parezca, sí, pues la política exterior estadounidense se ha debatido, al menos en los dos últimos siglos, entre una manera de hacer las cosas típica del brabucón de barrio y otra que quiere lo mismo pero agregándole una dosis de negociación e influencia solapada para lo cual es preciso ganarse la simpatía de los dominados.
De hecho, sin que sea una regla inamovible, esta visión suele primar entre la burocracia del Departamento de Estado, conformada por diplomáticos de carrera, especializados en este tipo de intrigas cortesanas.

La hostilidad manifiesta que significa el mantenimiento del bloqueo limita la capacidad de influir sobre el pueblo cubano.
El presente proceso de actualización del modelo económico cubano está siendo interpretado desde EE.UU. como una eventual transición controlada hacia el capitalismo. De esta manera estiman urgente participar en los procesos sociales internos en el Archipiélago, tanto en los económicos como en los políticos.
“Por primera vez en más de medio siglo, cambios en la opinión pública estadounidense y una serie de reformas en Cuba, han hecho que sea políticamente viable reanudar relaciones diplomáticas y acabar con un embargo insensato”, precisaron.

La relación costo-beneficio de darle un giro a la política de asedio se inclina cada vez a que mantener el actual estado de cosas genera más perjuicios con dividendos.
Uno de los principios más inamovibles dentro de la política estadounidense es el pragmatismo y si hasta ahora el bloqueo parece una buena idea a la hora de enfrentarse a la Revolución Cubana, siguen aumentado las opiniones de que es una obsoleta.

Nótese que se tacha de fallida, sinónimo de equivocada en su forma, no el contenido, a una postura que pretende promover un cambio de régimen en otro país con el cual no se está oficialmente en guerra.
En realidad esta no es un razonamiento nuevo pues ya la han compartido  funcionarios como Robert Pastor y Wayne Smith en el Departamento de Estado, o James Abourezk y Georoge McGovern (en el Senado) quienes en los años 70  eran partidarios de moverse hacia la normalización de las relaciones bilaterales.

Al respeto el NYTimes… tampoco dejó resquicio para las dudas: “los asesores del presidente están considerando cuánto progreso pueden lograr al ampliar lazos con Cuba, una aspiración que Obama ha tenido hace mucho tiempo. (…)Cualquier giro significativo en política exterior respecto a Cuba sería riesgoso. Pero la reacción de quienes se oponen a normalizar la relación sería tolerable, aún en la comunidad cubanoamericana, si se tienen en cuenta las oportunidades que una expansión del comercio, comunicación y relaciones interpersonales representaría para empresas norteamericanas y cubanos en la isla.”
Los elogios a Cuba con respecto a su enfrentamiento decidido al ébola vienen también por esa cuerda, ilustrando una de las áreas en las cuales ambos países podrían establecer mecanismo de cooperación mutuamente ventajosos.

Las encuestas a nivel nacional y el cambio generacional en la comunidad cubano-americana señalan la decadencia de la influencia de los políticos partidarios de la llamada línea dura.
Sin mencionar fuentes pero con un obvio conocimiento de causa, el periódico hizo referencia a que ante claros pasos de flexibilización del bloqueo la Casa Blanca estaría más preocupada por la reacción de senadores demócratas; estimando como tolerable los predecibles alaridos de figuras como Marco Rubio, senador republicano de la Florida y sus correligionarios en la Cámara de Representantes Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart.

El principal argumento para descalificar sus ataques, dice el Periódico, es la notabilísima desconexión de estos personajes con la realidad cubana. El editorial del 25 de octubre señalaron “A la Casa Blanca le preocupan menos los ataques de legisladores Republicanos, ya que suelen criticar su política exterior reflexivamente. Mientras varios de sus colegas han viajado a Cuba recientemente, Ros-Lehtinen, una de las más fervientes defensoras del embargo, parece estar desinformada del día a día en la isla. Durante una entrevista reciente, al criticar la visita a La Habana de Beyoncé y Jay-Z, Ros-Lehtinen expresó indignación de que la pareja de artistas se hubiera hospedado en un hotel lujoso al cual los cubanos no tienen acceso, aún si tuvieran dinero. Resulta que el gobierno cambió esa regla en 2008.”

Es sumamente interesante que esta serie de editoriales vieran la luz en el mes precedente a las elecciones de medio término donde se esperan cambios en la correlación de fuerzas entre en republicanos y demócratas en ambas cámaras legislativas.

Otros hubieran aconsejado cautela y esperar a los resultados de los comicios del 4 de noviembre. Sin embargo el diario hizo lo contrario, convirtiéndose  en portavoz de intereses económicos y políticos que cabildean para darle un giro a statu cuo.

Obama tiene prerrogativas para cambiar la política a pesar del Congreso
Una de las razones por las cuales el diario no esperó a saber qué pasaría el 4 de noviembre sería la certeza de que el presidente tiene recursos suficientes para hacer alo al respecto.

“Como primer paso, -sugiere- la Casa Blanca debe retirar a Cuba de la lista que mantiene el Departamento de Estado para penalizar países que respaldan grupos terroristas. Actualmente, las únicas otras naciones en la lista son Sudán, Irán y Siria. Cuba fue incluida en 1982 por su apoyo a movimientos rebeldes en América Latina, aunque ese tipo de vínculos ya no existen. Actualmente, el gobierno estadounidense reconoce que La Habana está jugando un papel constructivo en el proceso de paz de Colombia, sirviendo de anfitrión para los diálogos entre el gobierno colombiano y líderes de la guerrilla.

“En 2009, la administración Obama tomó una serie de pasos importantes para flexibilizar el embargo, facilitando el envío de remesas a la isla y autorizando a un mayor número de cubanos radicados en Estados Unidos a viajar a la isla. También creó planes que permitirían ampliar el acceso a telefonía celular e internet en la isla. Aún así, sería posible hacer más. Por ejemplo, se podría eliminar los límites a las remesas, autorizar mecanismos de inversión en las nuevas microempresas cubanas y expandir las oportunidades para norteamericanos que deseen viajar a la isla.

“Washington podría hacer más para respaldar a las empresas norteamericanas que tienen interés en desarrollar el sector de telecomunicaciones en Cuba. Pocas se han atrevido por temor a las posibles repercusiones legales y políticas.”

Realmente tampoco esas sugerencias son novedosas. De hecho en el año en que Obama resultó electo para su primer mandato varios “tanques pensantes” norteamericanos indicaron una ruta de normalización similar.

Quizás la más importante sea su exhortación a devolver a casa a los tres luchadores antiterroristas cubanos aún en cárceles estadounidenses a cambio del contratista estadounidenses Allan Gross, procesado y juzgado en Cuba por actividades violatorias de las leyes cubanas en materia de telecomunicaciones. Sin embargo en este tópico peca de ingenuo el NYTimes  porque un vistazo al pasado reciente indica que los gobiernos estadounidenses son reacios, al menos con Cuba, a hacer este tipo de canjes.

Cuando en las negociaciones bilaterales de la década del 70 del pasado siglo. Los representantes norteños se negaron a que explícitamente se intercambiaron los reos contrarrevolucionarios en Cuba con los combatientes puertorriqueños encarcelados en EE.UU. Finalmente se hizo pero no se presentó así públicamente por los requerimientos ya mencionados.

Curiosamente ahora un diario tan citado y que marca las pautas de agenda en buena parte del concierto mediático doméstico aborda por motivaciones propias la situación de Antonio Guerrero, Ramón Labañino, cuando en el pasado los activistas a favor de los héroes cubanos tuvieron que pagaruna página para dar a conocer el asunto.

Ahora bien… ¿cuán influyente puede ser la opinión de un periódico como The New York Times?

Más que una opinión pública, estamos ante una opinión publicada. O sea que no hay manera absolutamente cierta de saber si finalmente que este diario haya tomado partido a favor de un cambio en la política de EE.UU. hacia Cuba vaya a hacer, por sí solo, que eso ocurra. Desde luego, se trata de un juicio a tener en cuenta porque tras esas publicaciones estaría la presión del sector empresarial, quizás también parte de la burocracia del Departamento de Estado, el cabildeo de los thinks tanks  y un grupo a tener en cuenta de representantes de congresistas y líderes sociales y religiosos.

One Response so far.

  1. Itsván, cierto lo que sugieres en tu post. Y agrego algo que en lo personal me preocupa: percibo cierta euforia en la gente que cree que una normalización de relaciones con EEUU resolverá todos nuestros problemas, y no será así. Echemos una oteada a lo ocurrido en Libia: las trasnacionales petroleras estaban metidas en el país, intercambios académicos, ONGs con ayudas (claro, para sectores de su interés), mejoramiento de las relaciones bilaterales... (recuerdo que hasta Berlusconi le besó la mano a Gaddaffi)...y luego, el golpe. Es evidente que la política del bloqueo así abierto y directo no les ha funcionado; históricamente esa etapa de a lo Jacobo Arbenz, se les venció, al menos en este lado del mundo y necesita "refrescarse"; ahora ellos querrán ensayar los métodos que le han dado mejores resultados en la actualidad, como lo estamos viendo en Ucrania, por ejemplo, donde ellos han mantenido relaciones aparentemente normales con los diferentes presidentes de ese país desde la desintegración de la URSS, y le han metido revoluciones de colores, Euro-maidán y hasta la cabeza del guanajo... En nuestro caso, una normalización de relaciones desmovilizaría internacionalmente la opinión pública de rechazo que se tiene bien ganada internacionalmente EEUU por su bloqueo a Cuba, pero sin que eso signifique necesariamente, un levantamiento de las sanciones, ya que eso estaría, formalmente, más allá de las potestades del Presidente, porque es el Congreso el que decide si anular o no esa política. En fin, bienvenido todo aquello que alivie las restricciones a nuestra economía y por ende, a todos nosotros que cada día se nos hace más difícilla vida, incluso a nivel de mesa; pero, ESTAR ALERTAS y muy bien centrados en cada paso que se dé para cuidar nuestra soberanía y lograr avanzar económicamente mediante una relación más equilibrada con el mundo y no mirando tan fijamente hacia el Norte, que es -¡ay, ojalá esté equivocada!- lo que percibo con más fuerza en el subconsciente de muchas personas en la calle. Cada día que pasa y veo lo que los yanquis están haciendo en el mundo, recuerdo esa famosa frase del Che: "a los americanos... ni un tantito así".

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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